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Historial PNCé | NRO.4 Entrevistas. Washington Uranga

Pensar las políticas de comunicación hoy no es pensarlas solamente hacia adentro de aquello que llamamos estrictamente comunicación. Pensar las políticas de comunicación significa, hoy, pensar la transversalidad de lo comunicacional en las políticas públicas. Es pensar la transversalidad de lo comunicacional en lo educativo, en la salud, en el medio ambiente, en la vivienda, en la calidad de vida.

 

Washington Uranga es periodista (editorialista del diario Página 12, Buenos Aires), docente e investigador de la comunicación. Asesora en temas de comunicación, ciudadanía, participación, políticas públicas y gestión de procesos comunicacionales a organismos públicos y organizaciones sociales y comunitarias.

¿De qué hablamos cuando hablamos de políticas de comunicación?

Cuando hablamos de políticas de comunicación, en realidad, le estamos dando a la comunicación un valor estratégico en la construcción de los procesos sociales y políticos.

El debate sobre la soberanía de los Estados, en relación a la comunicación, giró sobre la premisa de que la información tiene un valor económico, un valor político y es una variable sobre la que, cualquier Estado que quiera pensar soberanamente, tiene que tener una discusión, un diseño estratégico. De la misma manera que lo tiene sobre la educación, o la salud. Pienso que necesariamente hay que actualizar ese análisis, porque el contexto donde el concepto de políticas de comunicación surge es un contexto muy diferente al que vivimos. Me parece que no se puede hacer una traslación automática de comienzos de los años ´70 a nuestros días.

Lo miro a nivel latinoamericano, porque creo que es necesario pensarlo en ese nivel. Me parece que tenemos que pensar cuál es el contexto, cuál es el escenario. Creo que, en los últimos años, la existencia de gobiernos de otro tipo en la región ha vuelto a poner sobre la mesa, con otras características, la importancia de la comunicación.

Suelo decir que lo público, el espacio público, es un espacio de lucha simbólica por el poder. Me parece que, desde esta mirada, ningún Estado puede renunciar a tener una presencia en ese lugar, una presencia ordenadora, que no quiere decir una presencia totalizadora ni única.

También porque me parece que la idea de política de comunicación hay que pensarla desde el ámbito de lo público, saliendo de la idea de lo público como lo meramente “estatal”. Lo público hay que concebirlo como complejo, como multiactoral y como multisectorial.

Pienso en una política de comunicación que apunte al espacio público reconociéndolo como diverso, reconociendo también que el Estado tiene sus derechos y la responsabilidad de establecer un orden y líneas que van a estar orientando esas políticas, pero que, reitero, necesariamente tiene que apoyarse también en un diálogo diverso, donde hay muchos actores que tienen cosas para aportar.

Hoy por hoy, el debate sobre las políticas de comunicación tiene que estar atado a otro debate en la sociedad, que es el debate sobre el rol del Estado. Nosotros pasamos de un Estado en retirada en la década del ´90 a un Estado que asume responsabilidades, que toma un rol protagónico pero que, hacia adentro, no se ha reformado como las circunstancias lo exigen. Entonces, hay un desfasaje entre las demandas sobre el Estado y la posibilidad de respuesta que el Estado tiene. Y esto se traslada a la comunicación; yo no puedo pensar las políticas de comunicación sin pensar en una reforma del Estado.

La otra cosa que aparece es, también, cómo repensar la política porque, claramente, hoy asistimos a un resurgimiento de la política en muchos sentidos. Pero me parece que todavía estamos viendo cómo se dimensiona la libre participación de un ciudadano. ¿Cuáles son los ámbitos? Pienso que una política nacional de comunicación necesita de actores que “actúen” en tanto ciudadanos. No teniendo un Documento Nacional de Identidad, sino que asuman una ciudadanía activa, es decir, una ciudadanía que piense la participación en función de lo público, y del bien de todos y todas. Vivimos un momento excelente para pensar esto, pero no quiero dejar de decir que hay complejidades que surgen de la confluencia de diversos temas que están en construcción.

Por último, creo que pensar las políticas de comunicación hoy no es pensarlas solamente hacia adentro de aquello que llamamos estrictamente comunicación. Pensar las políticas de comunicación significa, hoy, pensar la transversalidad de lo comunicacional en las políticas públicas. Es pensar la transversalidad de lo comunicacional en lo educativo, en la salud, en el medio ambiente, en la vivienda, en la calidad de vida. Cuando en los ´70 pensábamos las políticas de comunicación, pensábamos los medios, pensábamos más informativamente que comunicacionalmente. Me parece que hoy tenemos que reflexionar sobra la presencia de lo comunicacional cómo transversal con todos esos temas. Lo comunicacional no es ni solamente los medios ni solamente lo informativo. Lo comunicacional es mucho más que eso: son los ámbitos de sociabilidad, los ámbitos de participación, el ámbito de lo público.

Retomás la cuestión de espacio público y participación. Una de las críticas que se le hicieron a aquellos primeros intentos por pensar las políticas de comunicación fue la distancia que hubo entre esas iniciativas y la sociedad civil. ¿Cuáles son para vos los lugares desde los cuales el Estado puede interpelar y convocar a pensar la comunicación?

A mí me parece que el Estado tiene que convocar a discutir lo comunicacional en todo sentido. Por ejemplo, no se pueden pensar los procesos educativos sin discutir la comunicación. No se puede discutir solamente si va a haber un canal como Encuentro y que este canal le sirva a los espacios educativos en la medida en que les interese. Tenemos que pensar que Encuentro, y otros proyectos como Paka-Paka o el que sea, tienen que ser parte de la política educativa, de la misma manera que una política de comunicación tiene que incluir lo educativo.

Me parece que, por ejemplo, hay que discutir con el área de salud. Una política de salud tiene que tener sentados ahí en la mesa a los referentes que construyen las políticas nacionales de comunicación. Esto si pensamos la salud desde una perspectiva sociocultural y no solamente desde la perspectiva de la enfermedad, que mí me parece insuficiente.La cuestión de la salud, es una cuestión sociocultural, entonces, debe incorporar una mirada comunicacional.  

Tenemos la sensación de que la discusión comunicacional en la Argentina está llegando a una segunda etapa: la primera, muy asociada a la disputa con los grandes medios, y una segunda que implicaría un avance mayor en el sentido de lo que vos estás diciendo.

Yo creo que, efectivamente, en la Argentina hemos pasado, y todavía no hemos superado, una situación de confrontación muy fuerte con el poder económico de algunos oligopolios que tienen patas comunicacionales, o que tienen espacios comunicacionales. No creo que esta sea solamente una discusión entre el gobierno y un grupo de medios. No, esto es una discusión con el poder económico, que se manifiesta a través del sistema de medios que tienen unos grupos de poder económico. Me parece que eso, para decirlo en términos casi técnicos, embarra la cancha, porque polariza y no permite margen de maniobra.

Esa batalla ya se empezó, pero no puede prolongarse demasiado. Entonces, particularmente los que pensamos en la comunicación, tenemos que anticipar otras miradas y proponer otros objetivos. Yo no digo que sea una etapa superada, me parece que es una etapa que todavía va a tener coletazos, pero nosotros tenemos que ponernos a pensar la comunicación como tema social. Me parece que hay condiciones políticas para hacerlo. Esto necesita del poder político, y me parece que las condiciones del poder político están dadas. El poder político no es una hoja en blanco, no es un cheque en blanco: el poder político carga con la responsabilidad. Quien tiene más poder político tiene más responsabilidad.

Yo estoy colaborando en Paraguay, donde estamos haciendo una serie de cosas y donde la experiencia argentina sirve de mucho. Estamos creando un Instituto Latinoamericano de Comunicación para el Desarrollo, porque los países de la región tienen condiciones para hacerlo y porque además reconocemos que lo comunicacional es un espacio de construcción ciudadana.

El año pasado, en un encuentro de comunicadores en Porto Alegre, Brasil, nuestro documento final se llamó “Ciudadanía comunicacional”. La ciudadanía comunicacional es un espacio de construcción de políticas de comunicación y es un espacio - no sé si es la palabra adecuada pero se entiende - de militancia comunicacional, de militancia político-comunicacional.

Con esto que venís diciendo a nosotros nos surge una duda cuando la comunicación empieza a superponerse con la política y aparece como reemplazo de la política. Cuando la comunicación empieza a ser todo, ¿en qué medida no se constituye como un reemplazo de otras disciplinas, sobre todo de la política? Y, en segundo lugar, con esto que decís de la ciudadanía comunicacional, ¿en qué medida nosotros no deberíamos desatender la política de medios? Porque por los medios están pasando muchas cosas que constituyen ciudadanía.

Yo firmo letra por letra lo que Ramonet viene diciendo hace diez años. Es un error pensar que la comunicación es todo, que la comunicación aparece como una suerte de paradigma sustitutivo donde todo lo que no se puede explicar es comunicación. Si una pareja tiene un problema, es la comunicación, si un gobierno tiene un problema, es porque no se explica bien. Yo creo que no es así. Sí creo que la política es la política, que la salud es la salud, la educación es la educación. Lo que sí creo que hay una transversalidad de lo comunicacional. Pero, además, porque es un dato de época.

Nosotros no podemos mirar la comunicación exclusivamente desde lo mediático, porque estamos invadidos por eso; es decir, tenemos que tener presente lo que nos enseñó Marita Mata hace mucho tiempo, que hay un desplazamiento de la plaza a la platea. Pero Marita nunca dijo que había una sustitución de la plaza por la platea, eso en realidad es una relación en tensión, donde yo no puedo desconocer ninguno de los dos elementos: no debería sustituir a la platea ni debería sustituir a la plaza, pero sí tener en cuenta que están en tensión permanente.

Por otra parte, estoy convencido de que hay que tener una política de medios; yo creo que el Estado necesita tener una política de medios públicos, básicamente. Y ahí discutamos después qué significa público, pero tiene que tener una política de medios públicos. Pero ésta no puede ser la única pata, me parece que la política de comunicación tiene que estar claramente vinculada con una política de cultura y ahí los límites, en muchos casos, van a estar en el discurso. El Estado moderno me parece que necesita pensar lo cultural cómo un ámbito de identidad, cómo un espacio en el que hoy se construyen las identidades. Pensando en la Argentina, muchas veces las identidades se construyen en Buenos Aires. Y este es un país con múltiples identidades. Necesitas lo cultural y necesitas lo comunicacional: dos políticas que, en algún momento, tienen que atravesarse a confluir.

Recién hablabas de la lógica del antagonismo y señalabas que el rol del comunicador era poner la mirada un poco más allá, en función de plantear los desafíos, los riesgos, los peligros. ¿Cuál te parece que es el rol de la Universidad, de las carreras de Comunicación, de los intelectuales, en esa tensión entre no debilitar un proceso político y, a la vez ser capaces, de plantear los desafíos y los temas pendientes?

Varias cosas. Primero, me cuesta pensar esta idea de que el proceso se detiene porque adentro hay algunos que tienen miradas autocríticas. Me parece que la solidez del proceso parte también de tener la capacidad de criticar lo existente. Si desde la academia, desde la Universidad, desde la intelectualidad o como lo quieran llamar ustedes, no tenemos una capacidad autocrítica del proceso (no es que tengamos la verdad. Sabemos que la verdad se construye socialmente, pero nosotros tenemos que tener la libertad de hacer preguntas), se instala una perspectiva de verdades manifiestas que no nos van a ayudar a construir.

La otra cosa es pensar el tema de los comunicadores. Primera diferenciación: los periodistas son periodistas. Yo soy periodista, pero también me considero comunicador social. Me parece que esta es una diferencia no solamente académica, sino que tiene que ver con el lugar; esto no es una cuestión de categorías (unos son más, otros son menos), sino del lugar. Hay un texto que me ayuda mucho, de Robert White, un británico que vivió en América Latina, que se llama “Comunicar comunidad”. White habla de los comunicadores, y habla de los comunicadores de lo público, básicamente, como intervinculadores. ¿Qué quiere decir intervinculadores? Yo lo suelo decir en las cosas que escribo algo así como “facilitadores del diálogo público en el espacio público”. Que no es estrictamente la condición del periodista. Algunos periodistas pueden cumplir este rol, pero no todos sienten ni tienen la vocación de hacerlo. Me parece que no se lo podemos pedir. Pero sí, a los que pensamos estratégicamente, prospectivamente, políticamente la comunicación, nos corresponde esa tarea. Nos corresponde ver cómo trabajamos en escenarios –y esto también es políticas de comunicación- para que las voces se multipliquen, pero también que los actores tengan posibilidades de dialogar entre sí, acordando o no, no importa.

De alguna manera, nosotros somos responsables de construir el escenario comunicacional. Y el escenario comunicacional es un escenario, en democracia, de multiplicidad de voces, incluso para pelearse, pero para tener la posibilidad de pelearnos tranquilos, sabiendo que lo demás está asegurado, lo importante está asegurado. Debemos ser capaces de pelearnos, no en el sentido de agredirnos, sino de discrepar y que eso es, además, el ámbito de contención que nos da la democracia, y nos da una perspectiva comunicacional, una mirada sobre lo comunicacional.

La consolidación del proceso político Argentino es relativamente reciente. Es evidente que se necesitan otras coordenadas para que el escenario público se construya de manera diferente ¿Vos ves que, efectivamente, estas coordenadas están siendo poco discutidas en función de la etapa que se viene? ¿Qué creés que habría que agregarle a la discusión para que ese escenario nuevo se construya?

Me parece que están siendo poco discutidas, pero no se trata de echarle la culpa a nadie. Me parece que están siendo poco discutidas porque, como ustedes dicen, todo está siendo muy reciente. Pero además, por lo que planteaba al principio, porque hay una complejidad de cosas. Tampoco se está discutiendo fuertemente el papal del Estado y hay que discutirlo.

Yo creo que no se está discutiendo lo comunicacional por todas estas cosas. Entonces, ¿qué hacer?: me parece que hay que discutir, y pienso que probablemente esta sea la etapa del país donde, pasadas las elecciones, podamos tener un tiempo más calmo; tenemos cuatro años, se ha consolidado una perspectiva, se ha consolidado un modo de entender y entonces lo que hay que hacer es pensar los temas, discutir los temas.

Hay que discutir una agenda pública, una agenda nacional en la que las políticas de comunicación tienen que estar y tienen que estar más allá de decir “qué buena la ley de medios”. Porque cuando yo estoy diciendo “pensar la política”, no estoy desconociendo todo lo que avanzamos con la ley de medios. Sí, pero ya está, esos son derechos adquiridos y ya está, eso pasa a ser el piso. Y, digo, la Asignación Universal es un enorme paso, pero ya está, ése es el nuevo piso. A partir de la Asignación Universal, pensada como derecho básico, tienen derecho a más cosas, y van a seguir teniendo derecho a más cosas y, cuando estemos diez pasos más arriba de eso, tenemos que seguir aspirando a más. El piso es hasta donde llegaste y tenés derecho a más. Esto es lo que pienso, sin ninguna pretensión de verdad. Esta es mi lógica de mirar la vida, de mirar la historia.

Porque, a pesar de que tenemos unos cuantos años, me sentiría muy viejo, mentalmente, si no pensara en horizontes más allá. Y yo tengo ganas, por muchos o pocos años que me queden en la vida, tengo ganas de seguir mirando para allá y seguir peleando para adelante.

Algo que se viene escuchando, y que nos parece que es importante, es la posibilidad de que se cree un Ministerio de Comunicación y Cultura. ¿Cuál es tu opinión?

A mí me parece que un Ministerio puede ser una herramienta y puede ser muy útil, siempre y cuando haya una estrategia, otra vez, de cómo pensás el Estado. Si el Ministerio de Comunicación y Cultura es una oficina, no sirve, hay que repensar el Estado. Obviamente, el Ministerio de Comunicación y Cultura puede ser una herramienta muy útil. Pero esto, como espacio de gestión en función del diseño de una política.

Y, también, con aquello que vos decías de vincular a la comunicación con otras áreas del desarrollo. En términos de poner la comunicación a discutir con la salud, con la educación, con la industria.

Por supuesto, cuando yo me refiero a una política me estoy refiriendo a esto. A mí me gustaría un Ministro o una Ministra de Comunicación y Cultura sentada a la par con el Ministerio de Economía, con el de Producción, con el de Educación, esto es lo interesante.

¿Y en qué medida esto no sería una gran agencia de comunicación? Sobre todo por el carácter instrumental que muchas veces tiene la política desde Estado.

Eso no lo sé. Puede ser eso y si es eso solamente, si este Ministerio es para distribuir cuotas de publicidad y para manejar unos cuantos medios, eso es insuficiente. Si es para manejar partidas presupuestarias, no; pero lo mismo puedo decir de otros. Si Desarrollo Social es para manejar subsidios y nada más, ahí no hay política social. O si el Ministerio de Trabajo solamente es para administrar el conflicto, tampoco sirve. Yo estoy pensando un Estado proactivo, un Estado que genere política, que por otra parte es un déficit importante, y no por esta gestión. He sido parte de la gestión del Estado y cuando vos tenés que avanzar en determinadas cosas, no tenés herramientas.

Hoy por hoy, estoy colaborando como consultor, en áreas del Estado y de antemano yo sé que hay cosas que “no se pueden hacer”, porque no tenés herramientas, porque no tenés recursos, porque tenés trabado todo el procedimiento y entonces, más que ser un actor protagónico, el Estado termina siendo un obstáculo para poder crecer.  En este caso, me parece que hay que inventar cosas, hay que inventar, salir del esquema. Yo creo mucho en la idea de los consejos consultivos, los ámbitos consultivos, que pueden ser vinculares o no, habría que ver en cada situación. Pero espacios consultivos que quiten la presión de la gestión cotidiana y que puedan reunir a actores diversos para pensar las políticas públicas. Me parece que es una herramienta que fue muy útil. Esto te libera, porque los funcionarios tienen la presión  de la gestión, que tienen que resolver mañana. El espacio consultivo te libera para imaginar otras cosas y además, genera la posibilidad de convocar a multiplicidad de actores, a multiplicidad de sectores que cualquier espacio, como el de la Comunicación quisiera tener. A los empresarios de la Comunicación, a los publicitarios, a los actores, a los creativos, a los periodistas, es decir, un ámbito plural. También requieren un aprendizaje para los que están en la gestión, porque un consejo consultivo te pone siempre una zanahoria por delante. Un consejo consultivo no está para aplaudir a la gestión, es para darle elementos, para poner horizontes. Seguramente, los que saben de teorías del Estado, de gestión del Estado, tendrán muchas otras alternativas. Yo puedo hablar por éstas porque las he experimentado, las he vivido.